Abrid los ojos hacia vosotros mismos y mirad en el infinito del espacio y el tiempo. Oireis que alli vuelven a resonar el canto de los astros, la voz de los numeros y la armonia de las esferas. Cada sol es un pensamiento de dios y cada planeta una forma de ese pensamiento, y es para conocer el pensamiento divino que vosotras almas descendereis y remontareis penosamente el camino de los siete planetas y de los siete cielos suyos. HERMES TRISMEGISTO


Lo que la oruga ve como el final de la vida, el maestro lo llama una mariposa. RICHARD BACH

DEDICATORIA

Allí, donde habitan las mariposas, lo hacen tambien las hadas y los angeles, la verdad y la ilusion, la alegria, el amor, la dulzura y la fantasia; los mas bellos sueños y la esperanza.

Es el lugar donde los rios son de miel y las montañas de plata y diamantes; donde los seres alados bailan moviendose al ritmo de la musica de George Harrison y el aroma del Padmini; donde puedo descansar en grandes almohadones de plumas tejidos con hilos de seda y oro. Es mi refugio, y el de muchos que sueñan encontrarlo, sin saber aún que son mariposas.

Este blog esta dedicado a todos ellos y ojala puedan disfrutarlo como parte de su camino hacia el lugar donde habitaron o habitaran algun dia


Parameshwary
Enero 2009


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martes, 22 de julio de 2014

¿Fueron viajeros del espacio los dioses de la antigüedad? 332

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Asimismo, en el Génesis tenemos relatos muy curiosos sobre las catástrofes provocadas en Sodoma y Gomorra. Según el escritor e investigador Zecharia Sitchin, el Día del Juicio Final llegó en el año vigésimo cuarto, probablemente del siglo XX antes de Jesucristo. cuando Abraham, que estaba acampado cerca de Hebrón, tenía 99 años de edad. «Y el Señor se le apareció en la arboleda de terebintos de Mambré, cuando estaba sentado a la entrada de la tienda, al calor del día. Y levantó lo ojos y miró, y vio -tres hombres estaban parados ante él; y, en cuanto los vio, corrió desde la entrada de la tienda hacia ellos, y se postró en tierra». Desde la típica escena del potentado de Oriente Próximo descansando a la sombra de su tienda, el narrador bíblico del Génesis hace que Abraham levante la mirada y lo sumerge en un repentino encuentro con los seres divinos. Aunque Abraham estaba en la puerta de su tienda, no vio a los tres que se aproximaban. De repente, estaban «parados ante él». Y, aunque eran «hombres», reconoció su verdadera identidad de inmediato y se postró ante ellos, llamándoles «mis señores» y pidiéndoles que no «paséis de largo cerca de vuestro servidor» sin darle la ocasión de prepararles una suntuosa comida. Anochecía cuando los divinos visitantes terminaron de comer y descansar, y su jefe, preguntándole por Sara, le dijo a Abraham: «Volveré a ti por estas fechas el próximo año; para entonces, Sara, tu mujer, tendrá un hijo». La promesa de un heredero legítimo para Abraham y Sara en su ancianidad no era la única razón para que se dejaran caer por donde se encontraba Abraham. Había otra razón más siniestra: “Y los hombres se levantaron de allí para ir a inspeccionar Sodoma. Y Abraham fue con ellos para despedirles, y el Señor dijo: ¿Acaso voy a ocultarle a Abraham lo que estoy haciendo?“. El Señor, tras recordar los servicios prestados por Abraham y el futuro prometido, le desveló el verdadero objetivo del viaje divino: verificar las acusaciones contra Sodoma y Gomorra. «Las protestas por Sodoma y Gomorra son grandes, y son graves las acusaciones contra ellas», y el Señor dijo que había decidido «bajar y comprobar; si todo es como las protestas que me han llegado, las destruiré por completo; y si no, he de saberlo». La subsiguiente destrucción de Sodoma y Gomorra se ha convertido en uno de los episodios bíblicos del que más se ha hablado. Los ortodoxos y los fundamentalistas nunca dudaron de que el Señor Dios vertió literalmente fuego y azufre desde los cielos para borrar de la faz de la Tierra a estas ciudades pecadoras, mientras que los expertos, más sofisticados, han estado buscando tenazmente unas explicaciones «naturales» del relato bíblico, tales como un terremoto, una erupción volcánica u otros fenómenos naturales que se pudieran interpretar como un acto de Dios, el correspondiente castigo al pecado.
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Pero, en lo que concierne al relato bíblico que, hasta ahora, es la única fuente de interpretaciones, el acontecimiento no fue, desde luego, una calamidad natural. Se describe como un acontecimiento premeditado. El Señor le desvela a Abraham, con antelación, lo que está a punto de suceder y por qué. Es una acontecimiento evitable, no una calamidad provocada por fuerzas naturales irreversibles. La calamidad tendrá lugar sólo si las «protestas» contra Sodoma y Gomorra se confirman. Y también era un acontecimiento que podía posponerse. Un acontecimiento cuya ocurrencia podía darse antes o después, a voluntad. Al percatarse de que la calamidad era evitable, Abraham empleó una táctica argumental: «Quizás haya cincuenta Justos en la ciudad», le dijo al Señor. «¿Vas a destruir el lugar y no lo vas a perdonar por los cincuenta Justos que hubiere dentro?». Y, rápidamente, añadió: «¡Tú no puedes hacer tal cosa, matar al justo con el malvado! ¡No puedes! ¡El Juez de Toda la Tierra no puede dejar de hacer justicia!». Era todo un sermón a su propia Deidad. Y la súplica era para evitar la premeditada y evitable destrucción, si hubiera cincuenta Justos en la ciudad. Pero, en cuanto el Señor accedió a perdonar la ciudad en el caso de que hubiera esas cincuenta personas, Abraham se preguntó en voz alta si el Señor llevaría a cabo su destrucción si tan solo le faltaran cinco para ese número. Y cuando el Señor accedió a perdonar a la ciudad sólo con que hubiera cuarenta y cinco Justos, Abraham continuó rebajando el número a cuarenta, y luego a treinta, a veinte, a diez. «Y el Señor dijo: ‘No la destruiré si hubiera diez’; y partió en cuanto dejó de hablar con Abraham, y Abraham volvió a su sitio». Al atardecer, los dos compañeros del Señor, a los que la narración bíblica se refiere como Mal’akhim, traducido como «ángeles», pero que realmente significa «emisarios», llegaron a Sodoma con la intención de comprobar las acusaciones contra la ciudad y dar cuenta de sus descubrimientos al Señor. Lot, que estaba sentado a las puertas de la ciudad, reconoció al instante, al igual que hiciera Abraham antes, la naturaleza divina de los dos visitantes, quizás por su atuendo o sus armas, quizás por el modo en que llegaron (tal vez por el aire). Ahora le tocaba a Lot insistir en su hospitalidad, y los dos emisarios aceptaron la invitación de pasar la noche en su casa; pero no iba a ser una noche tranquila, pues la noticia de la llegada de los extraños agitó a toda la ciudad. «No bien se habían acostado, la gente de Sodoma rodeó la casa; jóvenes y viejos, toda la población, de cada barrio; y llamaron a Lot y le dijeron: ‘¿Dónde están los hombres que vinieron contigo anoche? Tráelos para que los conozcamos’». Y cuando Lot se negó a complacerles, la turba intentó entrar por la fuerza en su casa; pero los dos Mal’akhim «hirieron a la gente que estaba en la entrada de la casa cegándolos, tanto a jóvenes como a viejos; y se cansaron intentando encontrar la entrada». Los dos emisarios ya no precisaban de más indagaciones, al percatarse de que, de toda la gente de la ciudad, sólo Lot era «justo». El destino de la ciudad estaba firmado. «Y le dijeron a Lot: ‘¿A quién más tienes aquí? Saca de este lugar a tu yerno, a tus hijos e hijas, y a cualquier otro pariente que tengas en la ciudad, pues la vamos a destruir». Lot se apresuró para llevar la noticia a sus yernos, pero se encontró tan solo con la incredulidad y la risa.
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De modo que, al alba, los emisarios apremiaron a Lot para que escapara sin demora, tomando con él sólo a su mujer y a sus dos hijas solteras. “Pero Lot remoloneaba; de manera que los hombres lo tomaron de la mano, lo mismo que a su mujer y a sus dos hijas. pues la misericordia de Yahveh estaba sobre él, y les sacaron fuera, y les pusieron fuera de la ciudad“. Tras llevarse literalmente en volandas a los cuatro y dejarlos fuera de la ciudad, los emisarios le insistieron a Lot para que huyera a las montañas: «¡Escapa, por vida tuya! No mires atrás, ni te pares en ningún sitio en la llanura», fueron las instrucciones; «escapa a las montañas, o perecerás». Pero Lot, temiendo no llegar a tiempo a las montañas y «ser alcanzado por el Mal y morir», les hizo una propuesta: “¿Podría retrasarse la destrucción de Sodoma hasta haber llegado a la ciudad de Soar, la que más lejos estaba de Sodoma?“. Y, tras aceptar, uno de los emisarios le urgió a que se apresuraran en llegar allí: «De acuerdo, escápate allá, porque no puedo hacer nada hasta que no llegues a esa ciudad». Así pues, la catástrofe no sólo era predecible y evitable, sino que también se podía posponer; y se podía destruir varias ciudades en diferentes ocasiones. Ninguna catástrofe natural podría haber reunido todas estas características: “El sol se elevaba sobre la Tierra cuando Lot llegó a Soar; y el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra, desde los cielos,azufre y fuego de parte de Yahveh. Y Él destruyó aquellas ciudades y toda la llanura, y a todos los habitantes de las ciudades y toda vegetación que crece del suelo“. Las ciudades, la gente, la vegetación, todo resultó «arrasado» por el arma de los dioses. El calor y el fuego lo chamuscaron todo a su paso; la radiación afectó a las personas incluso en la distancia. La esposa de Lot, ignorando las advertencias de no detenerse y mirar atrás en su huida de Sodoma, se convirtió en un «pilar de vapor». El «Mal» que Lot temía había caído sobre ella. La traducción tradicional y literal del término hebreo Netsiv melah ha sido «pilar de sal», y en la Edad Media se llegó a escribir mucho para explicar el proceso por el cual una persona se podía transformar en sal cristalina. Sin embargo, si, como cree Sitchin, la lengua madre de Abraham y Lot era el sumerio, y el acontecimiento se registró no en una lengua semita, sino en sumerio, entonces se nos plantea la posibilidad de una explicación completamente diferente y más plausible acerca de lo que le ocurrió a la mujer de Lot.

En un estudio presentado ante la American Oriental Society en 1918, y en el subsiguiente artículo de Beitráge zur Assyriologie. Paul Haupt demostró concluyentemente que el término sumerio NIMUR significaba tanto sal como vapor, debido al hecho de que las primitivas salinas de Sumer eran ciénagas cercanas al Golfo Pérsico. El narrador hebreo bíblico malinterpretó probablemente el término sumerio debido a que el Mar Muerto recibe el nombre en hebreo de El Mar de Sal, y escribió «pilar de sal» cuando, de hecho, la mujer de Lot se convirtió en un «pilar de vapor». En relación con esto, conviene hacer notar que, en los textos ugaríticos, como por ejemplo en el relato cananeo de Aqhat, con sus muchas similitudes con el relato de Abraham, se describe la muerte de un ser humano a manos de un dios como el «escape de su alma como vapor, como humo por las ventanas de la nariz». Y, de hecho, en la Epopeya de Erra, que según se cree es el registro sumerio de una destrucción nuclear, se describe la muerte de las personas a manos del dios así: “Haré desvanecerse a las personas, sus almas se convertirán en vapor“. La desgracia de la mujer de Lot fue la de encontrarse entre aquéllos que se «convirtieron en vapor». Una a una, las ciudades «que indignaron al Señor» fueron arrasadas, y en cada ocasión, se le permitió escapar a Lot: “Pues cuando los dioses devastaron las ciudades de la llanura, los dioses se acordaron de Abraham, y enviaron a Lot lejos de las ciudades de la devastación“. Y, tal como se le había dicho, Lot fue «a vivir a la montaña y moró en una cueva, él y sus dos hijas con él». Después de presenciar la ígnea destrucción de toda vida en la llanura del Jordán, y la invisible mano de la muerte que vaporizó a su madre, ¿qué iban a pensar Lot y sus hijas? Pensaron, según se nos dice en la Biblia, que habían presenciado el fin de la humanidad en la Tierra, que ellos tres eran los únicos supervivientes de la especie humana; y de ahí que, la única forma de preservar a la humanidad, consistiera en cometer incesto y que las hijas concibieran hijos de su propio padre. «Y la mayor le dijo a la menor: ‘Nuestro padre es viejo, y no hay ningún hombre en la Tierra que se una a nosotras a la manera de todos en la Tierra; ven, hagamos que nuestro padre beba vino, y luego yaceremos con él, para que así podamos preservar la simiente de la vida de nuestro padre’». Y, de este modo, ambas se quedaron embarazadas y tuvieron hijos. La noche anterior al holocausto debió de ser una noche de insomnio para Abraham, preguntándose si encontrarían suficientes Justos en Sodoma como para que las ciudades fueran perdonadas, preguntándose acerca del destino de Lot y de su familia. «Y Abraham se levanto temprano y fue al lugar en donde había estado en presencia de Yahveh, y miró en dirección a Sodoma y Gomorra, y la región de la llanura; y vio el humo elevarse de la tierra, como de una fogata». Abraham estaba presenciando una «Hiroshima» y una «Nagasaki» -la destrucción de una llanura fértil y poblada por medio de bombas atómicas. Era el año 2024 a. C.
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¿Dónde se encuentran las ruinas de Sodoma y Gomorra en la actualidad? Los antiguos geógrafos griegos y romanos decían que el otrora fértil valle de las cinco ciudades se inundó con posterioridad a la catástrofe. Los expertos modernos creen que la «devastación» de la que se habla en la Biblia provocó una brecha en la costa meridional del Mar Muerto, con lo que las aguas sumergieron las regiones bajas del sur. La porción restante de lo que una vez fue la costa sur se convirtió en un accidente geográfico al que los lugareños llamaron figurativamente el-LissanLa Lengua»), y el otrora poblado valle de las cinco ciudades se convirtió en la nueva zona sur del Mar Muerto, que aún lleva el apodo local de «Mar de Lot». Mientras tanto, en el norte, el desplazamiento de las aguas hacia el sur hizo que la línea costera retrocediera. Los antiguos informes han recibido confirmación en tiempos modernos a través de diversas investigaciones, comenzando por una exhaustiva exploración de la zona en los años veinte a cargo de una misión científica patrocinada por el Instituto Bíblico Pontificio del Vaticano Importantes arqueólogos, como W. F. Albright y P. Harland, descubrieron que las poblaciones de las montañas de alrededor de la región se abandonaron repentinamente en el siglo XXI a.C, y no se volvieron a poblar hasta varios siglos más tarde. Y hasta el día de hoy, las aguas de los manantiales de los alrededores del Mar Muerto están contaminadas de radiactividad, «suficiente para producir esterilidad y otras afecciones, tanto en animales como en personas que las absorban durante unos cuantos años». La nube de la muerte, elevándose en los cielos de las ciudades de la llanura, no sólo aterrorizó a Lot y a sus hijas, sino también a Abraham, que no se sintió seguro ni en las montañas de Hebrón, a unos ochenta kilómetros de distancia. En la Biblia se nos dice que levantó su campamento y se trasladó bastante más al oeste, para residir en Guerar. Por otra parte, ya nunca más se aventuraría a entrar en el Sinaí. Años más tarde, incluso, cuando el hijo de Abraham, Isaac, quiso ir a Egipto debido a una hambruna en Canaán, «Yahveh se le apareció y le dijo: ‘No bajes a Egipto; vive en la tierra que te mostraré’». El paso a través de la península del Sinaí, por lo que parece, aún no era seguro. Pero, ¿por qué? Se cree que la destrucción de las ciudades de la llanura fue sólo una exhibición secundaria. Al mismo tiempo, también fue arrasado con armas nucleares el Espaciopuerto de los Dioses, en la península del Sinaí, dejando tras de sí una radiación mortal que persistió durante muchos años. El principal objetivo nuclear estaba en la península del Sinaí; pero la víctima real, a la postre, debido a la gran nube radioactiva, sería la mismo Sumer.

Desde los ángeles del Libro de Enoc y del Antiguo Testamento, pasando por los “mensajeros” del enigmático Yahveh , hasta los misteriosos Akpalus, que surgen en la raíz de la civilización sumerio-babilónica. Quizá cabe identificarlos con el dios-astronauta Nomo de la tribu de los Dogones, que se dice que procedía de un planeta de la estrella doble Sirio B. Con todos ellos, tenemos toda una serie de seres mitológicos que han influido en el devenir de la Humanidad. ¿Y qué cabría decir del panteón de los dioses helenos, esos dioses aparentemente tan humanos? El célebre astrónomo norteamericano Carl Sagan, junto con los autores franceses Louis Pauwells y Jacques Bergier, en su obra “El retorno de los brujos”, concordaron en afirmar que, posiblemente, “la civilización nació en Sumeria, gracias a la venida de misteriosos hombres-peces, llegados del espacio y que se instalaron en las profundidades del Golfo Pérsico. Estos visitantes extraterrestres serían llamados Akpalus y conocemos su existencia gracias a Beroso, sacerdote babilonio del siglo ÍV antes de Cristo”. La idea esencial del investigador ruso Matest M. Agrest, autor de En el rastro del descubrimiento: Enigmas del espacio exterior,: es que unos astronautas llegaron a nuestra Tierra y encontraron hombres en ella. Un acontecimiento tan fuera de lo corriente tenía forzosamente que dejar huellas en las leyendas y en los mitos. Estos seres, dotados a sus ojos de un poder sobrenatural, serían considerados por los primitivos como de naturaleza divina, y los mitos otorgarían un papel especial al cielo del que habían venido y al que habían vuelto aquellos visitantes enigmáticos. Los «visitantes celestes» pudieron enseñar a los humanos terrestres ciertas técnicas y rudimentos científicos. Los mitos y las leyendas nacidos antes de la aparición de la escritura poseen un gran valor histórico. Así, podemos actualmente reconstruir una gran parte de la historia antigua de los pueblos del África Negra, que no tenían escritura, valiéndonos del folklore, de las leyendas y de los mitos. El astrónomo norteamericano Carl Sagan explica que, en 1875, los indios del noroeste de América vieron desembarcar al explorador y navegante francés La Pérouse. Un siglo más tarde, el análisis de las leyendas inspiradas por aquel acontecimiento permiten reconstruir la llegada del navegante e incluso el aspecto de sus barcos. Agrest interpreta pasajes de la Biblia, y ve en la destrucción de Sodoma y Gomorra los efectos de una explosión nuclear, mientras que en la ascensión al cielo de Enoc, un secuestro de los extraterrestres. Desde “El retorno de los brujos” ha proliferado toda una literatura sobre este tema. «Que nosotros sepamos – declara el astrónomo ruso Iósif Samuílovich Shklovski -, no existe un solo monumento material de la pasada cultura en que podamos ver, fundamentalmente, una alusión a seres pensantes venidos del cosmos». Es posible, por ejemplo, que el famoso fresco sahariano de Tassili, que representa un «marciano» con escafandra, haya sido abusivamente utilizado como demostración. ¿Seremos visitados? ¿Ya hemos sido visitados? Lo cierto es que Sagan calcula que el número de civilizaciones técnicamente desarrolladas, existentes simultáneamente en nuestra galaxia, podría ser del orden de 106.
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Es posible que todas las antiguas leyendas y mitos hayan sido compiladas en un solo lugar y más tarde se repartieran entre diferentes culturas. Los hallazgos recientes cerca del Mar Muerto, tales como los manuscritos de Qumran, proveen una asombrosa amplificación del Génesis bíblico. Nuevamente varios textos hasta hoy desconocidos mencionan carrozas celestiales, hijos de los cielos, ruedas, y el humo que emitían las apariciones voladoras. En el Apocalipsis de Moisés, Eva miró hacia el cielo y vio una carroza de luz que era conducida por cuatro águilas brillantes. Ningún ser terrestre podría describir su magnificencia, dice Moisés. Finalmente la carroza se dirigió hacia arriba, hacia Adán, y salió humo de entre las ruedas. Carrozas de luz, ruedas y humo se citan como apariciones en épocas tan antiguas como en la época de Adán y Eva. Un evento fantástico fue descifrado del manuscrito de Lamech. Como el manuscrito está preservado de manera fragmentaria, faltan párrafos enteros. Sin embargo, lo que resta es suficientemente asombroso como para ser contado. La tradición dice que un día Lamech, padre de Noé, llegó a su casa y fue sorprendido por un niño que, de acuerdo a su apariencia, era bastante distinto que los otros miembros de la familia. Lamech reprochó a su esposa Bat-Enosh, diciendo que el niño no era suyo. Entonces Bat-Enosh juró por lo más sagrado que la semilla había venido de él y no de un extraño, o tal vez de uno de los “hijos del cielo“. ¿Qué tipo de “hijos del cielo” eran? Esto sucedió antes del Diluvio. Sin embargo, Lamech no creyó las protestas de su esposa y estando muy alterado, fue a pedir consejo a su padre Matusalén. Cuando llegó, le relató lo sucedido. Matusalén lo escuchó, reflexionó y fue él mismo a consultar al sabio Enoc. El problema era tan importante que el anciano aceptó las penurias del largo viaje. La pregunta sobre el origen del pequeño debía ser aclarada. Así que Matusalén describió cómo un niño había aparecido en la familia de su hijo, pero se parecía más a los hijos del cielo que a los hombres. Sus ojos, pelo, piel y todo su ser eran diferentes al resto de la familia. Enoc escuchó la historia y mandó a Matusalén de vuelta con noticias extremadamente preocupantes, que indicaban que un gran juicio caería sobre la tierra y la humanidad, y toda “carne” sería destruida, porque era sórdida y disoluta. Pero el extraño niño había sido elegido como el progenitor de los que sobrevivirían al gran juicio universal. Por lo tanto, debería ordenar a su hijo Lamech llamar al niño Noé. Matusalén viajó a su casa y le contó a Lamech qué los esperaba a todos. Qué podría hacer Lamech sino reconocer al extraño niño como suyo y darle el nombre de Noé.
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Lo asombroso de esta historia esque el padre de Noé fue informado sobre el diluvio y que también su abuelo Matusalén fue avisado del terrible evento por el mismo Enoc, quien poco después desapareció en una carroza de fuego hacia el cielo. Esto plantea la pregunta de si la raza humana es un acto de deliberada “crianza” por parte de seres del espacio, ya que podemos observar una recurrente fertilización de seres humanos por gigantes o hijos del cielo, acompañada de la exterminación de especímenes fracasados. Visto de esta forma, el Diluvio se convierte en un proyecto preconcebido por seres celestes con la intención de exterminar la raza humana, salvo unas pocas excepciones. Parecería bastante claro que el Diluvio, cuya existencia está probada históricamente, fue planeado y preparado deliberadamente muchos cientos de años antes de que Noé recibiera las órdenes de construir el arca. Hoy en día la posibilidad de crear una raza humana inteligente no es más una teoría. Las inscripciones en la Puerta del Sol de Tiahuanaco hablan sobre una nave espacial que trajo a la Gran Madre a la tierra para que pudiera tener hijos. Asimismo, las antiguas escrituras repiten que Dios creó al hombre a su imagen. Hay textos que indican que fueron necesarios varios experimentos antes de que el hombre fuera como Dios quería. Con la teoría de una visita a nuestro planeta de inteligencias desconocidas, podríamos deducir que somos similares a esos seres extraterrestres. Algo que sorprende son las extrañas ofrendas que los dioses pidieron a nuestros antepasados. Sus demandas no estaban limitadas a incienso y sacrificios de animales. La lista de regalos pedidos por los dioses muy a menudo incluyen monedas hechas con aleaciones especificadas con gran detalle. De hecho, las mayores instalaciones de fundiciones del antiguo Oriente fueron encontrados en Ezion-Geber, y consisten en un horno ultra moderno con un sistema de canales de aire, chimeneas y aperturas para propósitos específicos. Ezion-Geber es una ciudad de la Edad Antigua, un puerto de Edom sobre el mar Rojo, en el extremo norte del actual golfo de Aqaba, en lo que hoy es la ciudad jordana de Áqaba. Expertos en fundición de nuestros días se encuentran con el inexplicado fenómeno de cómo el cobre pudo ser refinado en estas instalaciones prehistóricas. Sin embargo sucedió, dado que grandes depósitos de sulfuro de cobre se encontraron en las cuevas y galerías alrededor de Ezion-Geber. Y estos hallazgos están estimados en una antigüedad de unos 5.000 años.
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Muchos eventos descritos en el Antiguo Testamento no se corresponden con el carácter de un Dios bueno y omnipresente. Es curioso que aquel “dios” o “dioses” necesitasen vehículos con ruedas y alas para moverse de un lugar a otro, o se apareasen con gente primitiva. La respuesta de los teólogos es que nosotros no podemos imaginar en qué modo se muestra Dios. Probablemente en un próximo futuro los primeros hombres aterrizarán en Marte. Si encontrasen algún objeto indicando antiguas inteligencias, causaría la mayor revolución en la historia de la humanidad. Todo parece indicar que hace muchos miles de años una nave espacial extraterrestre descubrió nuestro planeta. La tripulación de la nave descubrió que la Tierra reunía los requisitos para el desarrollo de vida inteligente. Se supone que el “hombre” de aquella época no era el homo sapiens actual, sino algo diferente. Los hombres del espacio fertilizaron artificialmente algunas hembras de esta especie, según dicen antiguas leyendas, y partieron. Miles de años después los viajeros espaciales volvieron y encontraron el primitivo homo sapiens repartido por toda la Tierra. Repitieron su experimento de apareamiento varias veces hasta que produjeron una criatura suficientemente inteligente como para aprender. Los viajeros del espacio destruyeron los especímenes no exitosos o se llevaron a los homo sapiens mejorados para establecerlos en distintos continentes. Las primeras comunidades comenzaron a existir. Lo demuestran las pinturas rupestres y la alfarería descubierta. Los primeros hombres tenían un gran respeto por los viajeros del espacio, a los que consideraban “dioses“. Por alguna misteriosa razón, los “dioses” estaban interesados en transferirles su inteligencia. Si las antiguas ciudades, construcciones, e inscripciones son encontradas en una región en particular, se demuestra que la historia de los pueblos que vivieron allí es un hecho real. Pero no se prueba que el dios de ese pueblo fuese realmente un dios en lugar de un viajero espacial. Hay cosas en la antigüedad que no deberían haber existido de acuerdo con las ideas existentes. Pero la mitología de los esquimales también dice que las primeras tribus fueron traídas del norte por “dioses” con alas de bronce. Las más viejas sagas de los indios americanos mencionan un pájaro de trueno que les trajo el fuego y las frutas. La tradición maya, a través del Popol Vuh, nos dice que los “dioses” eran capaces de reconocer el universo, los cuatro puntos cardinales de la brújula, e incluso la forma redonda de la tierra.

Los mayas tenían una cultura muy desarrollada. Dejaron no solamente un calendario fabuloso sino también cálculos increíbles. Conocían el calendario venusino de 584 días y estimaron la duración del año terrestre en 365,2420 días, cuando el cálculo actual, con nuestra tecnología, es de 365,2422. Los mayas dejaron extraordinarios cálculos con duraciones de 64 millones de años. Los cálculos de las últimas inscripciones encontradas probablemente se acerquen a los 400 millones de años. De todos modos, es difícil creer que la fórmula venusina se originasen en un pueblo de la jungla. Según dicha fórmula, el Tzolkin tiene 260 días, el año terrestre 365 días y el venusino 584 días. Estas cifras esconden la posibilidad de una sorpresiva división y suma. 365 es divisible entre 73 cinco veces, y 584 lo es 8 veces. Así que la fórmula para la Luna es: 20 x 13 = 260 x 2 x 73 = 37960; para el Sol es: 8 x 13 = 104 x 5 x 73 = 37960; y para Venus es: 5 x 13 = 65 x 8 x 73 = 37960. En otras palabras, todos los ciclos coinciden sorprendentemente después de 37.960 años. La mitología maya dice que los “dioses” vendrían al gran lugar de descanso. Las leyendas de los pueblos pre-incaicos dicen que las estrellas estaban habitadas y que los “dioses” venían a ellos de la constelación de las Pléyades. Las inscripciones cuneiformes de los sumerios, asirios, babilonios y egipcios constantemente presentan asimismo la imagen de “dioses” que vinieron de las estrellas y volvieron a ellas. Viajaron a través de los cielos en naves de fuego, poseían armas terroríficas y prometieron la inmortalidad a los hombres. Podemos considerar natural que los pueblos antiguos buscaran sus dioses en el cielo. Pero, aún si, todavía quedan muchos interrogantes. La antigua epopeya indica, el Mahabharata, nos habla de terribles armas y se considera que tiene, por lo menos, 5.000 años de antigüedad. Vale la pena leer esta epopeya con los ojos del conocimiento moderno. También es sorprendente que en el Ramayana, las vimanas, máquinas voladoras, navegaban a gran altura con la ayuda del mercurio y de un fuerte viento propulsor. Las vimanas podían cubrir enormes distancias y podían viajar hacia todos los lados. Tenían una increíble capacidad de maniobra: “Al mandato de Rama, la magnífica carroza se elevó a una montaña de nubes con un enorme estruendo“. No solamente se menciona un objeto volador, sino que también el cronista habla de un enorme estruendo. Otro pasaje del Mahabharata dice: “Bhima voló con su vimana en un rayo enorme, brillante como el sol, e hizo un ruido como el trueno de una tormenta“. ¿Cómo pudo un antiguo cronista dar descripciones que presuponen tener idea de naves volantes? En el Samsaptakabadha se hace una distinción entre carrozas que vuelan y las que no pueden hacerlo.
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El primer libro del Mahabharata devela la historia íntima de la mujer soltera Kunti, quien no sólo recibió una visita del dios sol sino que tuvo un hijo de él, un hijo que se supone fue radiante como el sol mismo. Como Kunti estaba asustada de caer en desgracia, dejó el niño en una gran cesta y lo puso en un río. Adhirata, un hombre acaudalado de la casta Suta, sacó la canasta y el niño del agua y lo crió. Esta historia es sorprendentemente parecida a la de Moisés. Y también hay una referencia a la fertilización de humanos por dioses. Como en el caso de Gilgamesh, Aryuna, el héroe del Mahabharata, emprende un largo viaje para buscar a los dioses y pedirles armas. Y cuando Aryuna encuentra a los dioses, después de muchos peligros, Indra, el señor del cielo, con su esposa, Sachi, a su lado, le da una audiencia muy exclusiva. Los dos dioses no se encuentran con el valiente Aryuna en cualquier sitio, sino en una carroza de guerra celestial. E incluso lo invitan a viajar con ellos por el cielo. Algunos datos numéricos del Mahabharata son extrañamente precisos. Describe un arma que podría matar a todos los guerreros que llevaran equipo de metal. Si los guerreros conocieran el efecto de esta arma a tiempo, deberían sacarse todo el equipamiento de metal que estuvieran usando, saltar al agua y lavarse y lavar a fondo todo lo que hubiera estado en contacto con ellos, ya que el arma hacía caer el pelo y las uñas. Todo lo viviente se volvía pálido y débil. En el octavo canto del Mahabharata encontramos a Indra en su carroza celestial. De toda la humanidad, ha elegido a Yudhisthira para ser el único que podrá entrar al cielo en su forma humana. En ello también vemos un paralelismo con las historias de Enoc y Elias. En el mismo libro se relata lo que podría ser el lanzamiento de una bomba atómica. Dice que Gurkha lanzó un solo proyectil en la ciudad triple desde una poderosa vimana. La narrativa usa palabras que nos recuerdan los relatos de los testigos oculares de la detonación de una bomba atómica o de hidrógeno, ya que nos dice que se produjo un humo blanco y caliente, mil veces más brillante que el sol, que se levantó con infinito brillo y redujo la ciudad a cenizas. Cuando Gurkha aterrizó nuevamente, su vehículo era como un bloque radiante. Asimismo el Mahabharata explica que el tiempo es la semilla del universo, algo muy concordante con la física moderna. Los libros tibetanos Tantyua y Kantyua también mencionan máquinas voladoras prehistóricas, que llaman “perlas del cielo“. Ambos libros hacen énfasis en que este conocimiento es secreto y no para las masas.
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Un pasaje del Mahabharata es muy explícito: “Fue como si los elementos se hubieran desatado. El sol giró alrededor. Quemados por el fuego incandescente del arma, el mundo se enrolló en fiebre. Los elefantes tomaron fuego por el calor y corrieron para un lado y otro en desesperación para encontrar protección de la terrible violencia. El agua hirvió, los animales murieron, la vida del enemigo fue segada y la furia de la llama hizo colapsar a los árboles en filas en un bosque incendiado. Los elefantes lanzaron un ruido asustado y cayeron muertos al suelo sobre una vasta área. Caballos y carros de guerra fueron quemados y la escena parecía las consecuencias de un incendio. Miles de carros fueron destruidos, luego un profundo silencio cayó sobre el mar. El viento comenzó a soplar y la tierra se puso brillante. Era terrible de ver. Los cadáveres de los caídos estaban mutilados por el terrible calor hasta que no parecían seres humanos. Nunca antes había yo visto un arma tan terrible y nunca había oído hablar de ella“. El Mahabharata continúa explicando que los que escaparon se lavaron, lavaron sus equipos y sus brazos, porque todo estaba contaminado con el aliento de los “dioses” que llevaba la muerte. Curiosamente la epopeya de Gilgamesh dice “Te ha herido el aliento venenoso del pecho celestial“. Alberto Tulli, antiguo custodio del departamento egipcio del Museo Vaticano, encontró un fragmento de un texto del tiempo de Tutmosis III, que vivió alrededor del 1.500 a.C. Relata que los escribas vieron una bola de fuego viniendo desde el cielo y que su aliento tenía un olor maligno. Tutmosis y sus soldados miraron el espectáculo hasta que la bola de fuego se levantó en dirección al sur y desapareció de la vista. Todos los textos indicados tienen una antigüedad de miles de años antes de nuestra era. Los autores vivieron den diferentes continentes y pertenecieron a diferentes culturas y religiones. Sin embargo, la tradición cuenta casi las mismas historias en todas partes. Parece imposible que los cronistas del Mahabharata, la Biblia, la Epopeya de Gilgamesh, los textos de los esquimales, los indios americanos, los escandinavos, los tibetanos, y muchos otros, cuenten la misma historia de “dioses” que vuelan, extraños vehículos celestiales, y las terribles catástrofes conectadas con estas apariciones. Estas tradiciones tan uniformes deben tener su origen en hechos prehistóricos. Casi todos los textos de los pueblos primitivos cuentan la misma historia. Sabemos que todos los dioses sumerios tenían su contraparte en ciertas estrellas. Se supone que hubo una estatua de Marduk (Marte), el mayor de los dioses, que pesaba 800 talentos de oro puro. Si hemos de creer a Heródoto, esto equivale a más de 48.000 libras de oro. Ninurta (equivalente a Sirio) era el juez del universo y sentenciaba a los seres humanos. Hay tablas cuneiformes dirigidas a Marte, a Sirio, y a las Pléyades.
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Una y otra vez los himnos sumerios mencionan armas divinas, cuya forma y efecto deben haber carecido completamente de sentido para los pueblos de esos días. Un texto dedicado a Marte dice que él hacía que lloviera fuego y destruía a sus enemigos con un rayo luminoso. Inanna es descrita mientras atraviesa el cielo, irradiando un fuerte destello y aniquilando las casas de los enemigos. Los hombres de las antiguas culturas parecen haber estado obsesionados con la idea de inmortalidad y renacimiento. Sirvientes y esclavos se sepultaban en la tumba de sus amos. En la cámara mortuoria de Shub-At, no menos de setenta esqueletos yacen uno cerca del otro en perfecto orden. Sin el menor signo de violencia, sentados o yaciendo con sus ropas de colores brillantes, esperaban la muerte que debe haber llegado suavemente y sin dolor, tal vez mediante veneno. Seguramente esperaban una nueva vida con sus amos más allá de la tumba. El panteón egipcio es confuso. Los antiguos textos del pueblo del Nilo también hablan de seres poderosos que atravesaron el firmamento en botes. En una pirámide se lee: “Tú eres el que dirige el barco del sol por millones de años“. Aunque las antiguas matemáticas egipcias fueran muy avanzadas, es raro que hablen de millones de años en conexión con las estrellas y una nave celestial. Volvemos al mensaje en el Mahabharata: “El tiempo es la semilla del universo“. La isla de Elefantina en Asuán es llamada así ya en textos antiguos. Lo curioso es que la isla sí se parece a un elefante. Pero esta forma sólo puede ser reconocida desde un avión a gran altura, porque no hay colinas que ofrezcan una vista global de la isla. Sabemos que las pirámides fueron colocadas de acuerdo a las posiciones de ciertas estrellas. Sirio fue una de las estrellas por la que los egipcios mostraron especial interés. Pero este interés en Sirio es peculiar porque, vista desde Menfis, Sirio puede ser observada sólo al amanecer, cuando comienzan las inundaciones del Nilo. Para medir dichas inundaciones, en Egipto había un calendario muy exacto hace 4221 años antes de nuestra era. Este calendario estaba basado en la salida de Sirio, el19 de Julio, y calculaba ciclos anuales durante más de 32.000 años. Parece bastante absurdo basar el calendario en Sirio cuando hubiera sido más fácil usar al sol o la luna. Si Sirio aparecía en el horizonte al amanecer al mismo tiempo que una inundación del Nilo, era pura coincidencia. Una creciente del Nilo no ocurría cada año, ni el mismo día. En cuyo caso, ¿para qué utilizar un calendario basado en Sirio? Tal vez los “dioses” venidos de las estrellas proporcionaron este calendario, ya que tal vez procedían de Sirio.

Fuentes:
  • Daniken, Erich von – Carrozas de los dioses
  • Charpentier Louis – Los Gigantes Y El Misterio De Los Origenes
  • Bramley William – Los Dioses Del Eden
  • Sitchin, Zecharia – La Guerra De Los Dioses
  • J.J. Benitez – Los astronautas de Yahveh
  • Pauwels – Bergier – El Retorno de los Brujos

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