Abrid los ojos hacia vosotros mismos y mirad en el infinito del espacio y el tiempo. Oireis que alli vuelven a resonar el canto de los astros, la voz de los numeros y la armonia de las esferas. Cada sol es un pensamiento de dios y cada planeta una forma de ese pensamiento, y es para conocer el pensamiento divino que vosotras almas descendereis y remontareis penosamente el camino de los siete planetas y de los siete cielos suyos. HERMES TRISMEGISTO


Lo que la oruga ve como el final de la vida, el maestro lo llama una mariposa. RICHARD BACH

DEDICATORIA

Allí, donde habitan las mariposas, lo hacen tambien las hadas y los angeles, la verdad y la ilusion, la alegria, el amor, la dulzura y la fantasia; los mas bellos sueños y la esperanza.

Es el lugar donde los rios son de miel y las montañas de plata y diamantes; donde los seres alados bailan moviendose al ritmo de la musica de George Harrison y el aroma del Padmini; donde puedo descansar en grandes almohadones de plumas tejidos con hilos de seda y oro. Es mi refugio, y el de muchos que sueñan encontrarlo, sin saber aún que son mariposas.

Este blog esta dedicado a todos ellos y ojala puedan disfrutarlo como parte de su camino hacia el lugar donde habitaron o habitaran algun dia


Parameshwary
Enero 2009


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los cuatro acuerdos de la sabiduria Maya

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Secretos Parameshwary

lunes, 26 de enero de 2015

2-¿Cuál era el nivel de conocimientos de las antiguas civilizaciones?

https://oldcivilizations.wordpress.com

Los filósofos  herméticos han tenido el convencimiento, probablemente basado en unos sesenta mil años de experiencia, de que a través  del  tiempo, y por efecto del pecado, fue  densificándose  el cuerpo físico  del  hombre, cuya naturaleza  era en un principio casi etérea  y le permitía percibir claramente las cosas hoy invisibles del universo.
 Desde la caída del género humano, la materia es un espeso muro interpuesto entre el mundo terrestre y el mundo de los espíritus.
Las más antiguas tradiciones esotéricas enseñan asimismo que antes del Adán mítico existieron sucesivamente varias razas humanas. Tal vez pertenecían a alguna de estas razas los hombres alados que menciona Platón en su obra Fedro. Habría que resolver este enigma tomando como punto de partida las cavernas de Francia y los restos de la Edad de Piedra.
 La Edad de Piedra, o Edad Lítica, es el período de la Prehistoria que abarca desde que los seres humanos empezaron a elaborar herramientas de piedra hasta el descubrimiento y uso de metales. La madera, los huesos y otros materiales también fueron utilizados, como cuernas, cestos, cuerdas, cuero, etc., pero la piedra, y, en particular, diversas rocas de rotura concoidea, como el sílex, el cuarzo, la cuarcita, la obsidiana, fue utilizada para fabricar herramientas y armas, de corte o percusión. Sin embargo, ésta es una circunstancia necesaria, pero insuficiente para la definición de este período, ya que en él tuvieron lugar fenómenos fundamentales para lo que sería nuestro futuro, tales como la evolución humana, las grandes adquisiciones tecnológicas del fuego, las herramientas y la vestimenta, la evolución social, los cambios climáticos, la diáspora del ser humano por todo el mundo habitable, desde su supuesta cuna africana, y la revolución económica desde un sistema recolector-cazador, hasta un sistema parcialmente productor. El rango de tiempo que abarca este período es ambiguo y variable según la región de que se trate. Aunque es posible hablar de este período en concreto, para el conjunto de la humanidad, no hay que olvidar que algunos grupos humanos nunca desarrollaron la tecnología de la fundición de metales y, por tanto, quedaron sumidos en la Edad de Piedra hasta que se encontraron con culturas tecnológicamente más desarrolladas. Sin embargo, en general, se considera que este período comenzó en África hace 2,8 millones de años, con la aparición de la primera herramienta humana o pre-humana. A este período le siguió el Calcolítico o Edad del Cobre y, sobre todo, la Edad de Bronce, durante la cual, las herramientas de esta aleación llegaron a ser comunes. Esta transición ocurrió entre el 6000 a. C. y el 2500 a. C.

Tradicionalmente se viene dividiendo esta Edad de Piedra en Paleolítico, con un sistema económico de caza-recolección, y Neolítico, en el que se produce la revolución hacia el sistema económico productivo, con agricultura y ganadería. El Paleolítico significa etimológicamente piedra antigua, término creado por el arqueólogo John Lubbock en 1865 en contraposición al de Neolítico, o Edad moderna de la piedra. Se extiende desde hace unos 2,85 millones de años (en África) hasta hace unos 12 000 años. El Neolítico, o Edad de Piedra Nueva o Pulimentada, es uno de los periodos en que se considera dividida la Edad de Piedra. El término fue acuñado también por John Lubbock en su obra de 1865 que lleva por título Prehistoric Times. Inicialmente se le dio este nombre en razón de los hallazgos de herramientas de piedra pulimentada, en vez de tallada, que parecían acompañar al desarrollo y expansión de la agricultura. Hoy en día se define el Neolítico precisamente en razón del conocimiento y uso de la agricultura o del pastoreo. Normalmente, pero no necesariamente, va acompañado por el trabajo de la alfarería. La agricultura y la ganadería empezaron a practicarse en diferentes lugares del planeta de manera independiente y en distintas fechas.
 La primera región donde se encuentran pruebas de la transición de unas sociedades de cazadores-recolectores a otras de productores fue Oriente Próximo, hacia el 8500 a. C., probablemente por los sobrevivientes del Diluvio Universal, desde donde se extendió a Europa, Egipto, Oriente Medio y, quizás, el sur de Asia.
Muy poco después los procesos productores se desarrollaron de manera totalmente independiente en el norte de China, en los valles del río Amarillo y del Yangtsé (7500 a. C.). En Nueva Guinea también se dio un desarrollo temprano independiente de la horticultura, ya que algunos indicios sugieren que fue hacia el 7500 a. C., aunque dicha fecha es todavía insegura.
En África las primeras regiones donde se dieron las transformaciones neolíticas fueron el Sáhara, el Sahel y Etiopía, aunque algunos autores opinan que pudo haber existido algún tipo de influencia desde Asia y otros consideran que el desarrollo fue independiente, dado que se domesticaron especies de plantas locales. Finalmente, en América, el desarrollo de la agricultura fue más tardío, aunque se dio de manera independiente en tres regiones. Primero en Mesoamérica y la región andina, aunque no se sabe con seguridad si la horticultura en la Amazonia occidental estuvo influido por la región andina. Bastante más tardíamente, en el este de Norteamérica. En Europa el desarrollo no fue independiente y la agricultura apareció entre el 6000 a. C y el 3500 a. C., dependiendo de las regiones, gracias a la llegada de especies procedentes de Próximo Oriente. La etapa de transición entre el Paleolítico y el Neolítico se conoce como Mesolítico, mientras que las fases del Paleolítico tardío contemporáneas con el Neolítico y el Mesolítico en otras regiones del planeta se conocen como Epipaleolítico.

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En  las más antiguas tradiciones de casi todos los pueblos se descubre la  misma creencia en una raza superior a la actual, definida en muchos casos como divina o, tal vez, extraterrestre. 
 El manuscrito quiché Popol Vuh, publicado por Brasseur de Bourbourg, uno de los pioneros de la arqueología y la historia precolombina, dice que el primer hombre pertenecía a una raza dotada de raciocinio y de habla, con vista sin límites y que conocía todas las cosas a un tiempo. Quiché es el nombre de un pueblo nativo de Guatemala, así como de su idioma y su país en tiempos precolombinos. El término quiché proviene de qui, o quiy, que significa “muchos“, y che, palabra maya original, que alude a un bosque o tierra de muchos árboles. El pueblo quiché es uno de los pueblos mayas nativos del altiplano guatemalteco. En tiempos precolombinos los quichés establecieron uno de los más poderosos estados de la región.
La última ciudad capital era Gumarcaaj, también conocida como Utatlán, una de las ciudades mayas más poderosas cuando los españoles llegaron en la región en el siglo XVI, y cuyas ruinas se encuentran a dos kilómetros de Santa Cruz del Quiché, en el departamento de El Quiché, Guatemala. Fueron conquistados por el español Pedro de Alvarado a principios del siglo XVI, en 1524. El último comandante del ejército quiché fue Tecún Umam, quien fue muerto por de Alvarado en la batalla de los Llanos del Pinal. Tecún Uman es todavía considerado un héroe popular nacional y figura de leyenda. El texto más famoso en idioma quiché es el Popol Vuh, que narra del origen de este pueblo desde la creación del mundo, con  sus dioses y los primeros hombres y mujeres, formados de maíz, hasta llegar a la conquista española. El libro, de gran valor histórico y espiritual, ha sido llamado erróneamente Libro Sagrado o la Biblia de los mayas quiché. Está compuesto de una serie de relatos que tratan de explicar el origen del mundo, de la civilización, de diversos fenómenos que ocurren en la naturaleza, etc.

Según Filón de Alejandría (10 a.C. – 45 d.C.), también llamado Filón el Judío, uno de los filósofos más renombrados del judaísmo helénico, el aire está poblado de multitud de invisibles  espíritus, inmortales y libres de pecado, unos, y perniciosos y mortales, otros. Hay una sentencia que dice: “De los hijos de EL descendemos, e hijos de EL volveremos a ser”.
La misma creencia se trasluce en un pasaje del Evangelio de San Juan, escrito por un anónimo agnóstico, que dice: “Más a cuantos le recibieron  les dio poder de ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre”. Es decir, que cuantos practicaran la doctrina esotérica de Jesús se convertirían en hijos de Dios. “¿No sabéis que sois  dioses?”, dice Cristo a sus discípulos. Platón describe admirablemente, en su obra Fedro, el estado primario del hombre, al cual debe volver de nuevo: “Antes de perder las alas vivía entre los dioses y él mismo era un dios en el mundo aéreo”.
 Desde la  más remota antigüedad la filosofía religiosa enseñó que el universo está poblado de  divinos y espirituales seres de diversas razas. De una de éstas surgió, con el tiempo Adán, el hombre primitivo.
Los kalmucos y otros pueblos de Siberia describen también, en sus leyendas, unas razas anteriores a la nuestra, y dicen que aquellos hombres poseían conocimientos casi ilimitados, de lo que presumían hasta llegar a rebelarse contra el Gran Espíritu, que, para humillar su presunción y castigar su arrogancia, los encerró en cuerpos físicos, que limitaron sus facultades. Únicamente  pueden  salir  de este encierro  por medio de un perseverante arrepentimiento, de la purificación y del desenvolvimiento interior. Creen que sus chamanes a veces pueden ejercer las divinas facultades que una vez poseyeron todos los hombres.
Los Kalmucos (o Calmucos) son un pueblo mongol conocido con esta denominación desde el siglo XVII, cuando llegaron del Asia Central a la desembocadura del Volga, en la cabecera del Cáucaso. Los mongoles tuvieron su residencia en Karakorum. Y aún después de haber perdido la China, eran poderosos en la Tartaria. De ellos salieron dos pueblos, los khalkhas y los elutos o calmucos; los primeros se sometieron más tarde a la China, y los otros a Rusia. Entre los siglos XV y XVII, los calmucos eran nómadas que rivalizaron con China por el control de Pekín. Los calmucos en realidad son oirates, o sea mongoles de fe budista occidentales. A finales del siglo XV, con Dayan Kan, y en la segunda mitad del XVI, con su nieto Altan Khan (1543-1583), consiguieron restaurar una parte del poder que tuvo su legendario antepasado Gengis Kan. Altan conquistó toda Mongolia e introdujo el lamaísmo entre los calmucos a raíz de sus campañas en el Tíbet.

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El jefe de la religión tibetana visitó Mongolia, donde organizó el lamaísmo (1577) y concedió a Altan el título de Dalai Lama de Mongolia. Sus descendientes constituyeron una feudalidad religiosa y se construyeron numerosos monasterios en el país. Bajo su liderazgo se difundió con éxito el budismo tibetano, que era conocido desde el siglo XIII, pero que los eclécticos gengiskanidas nunca habían adoptado. En 1603 los calmucos destruyeron el kanato de Khiva y en 1639 subyugaron a los turcomanos de Mangyshlak. Los calmucos se establecieron en la estepa abierta de Saratov, en el norte de Astracán, en el delta del Volga en el sur, y el río Terek, en el suroeste. También acamparon en ambos lados del río Volga, del río Don, en el oeste, hasta el río Ural, en el este. Estos territorios habían sido anexionados por Rusia, que no estaba en condiciones de llenar la zona con colonos rusos. Los zares rusos los utilizaron como pueblo fronterizo contra las incursiones de los pueblos de las estepas y los calmucos fueron reclutados por el ejército imperial. Ayuka Kan (1670-1724) se hizo vasallo nominal de Rusia y los rusos lanzaron a estos guerreros budistas contra el kanato de Crimea, los baskires y los nogayos, que eran musulmanes. Aprovechando la muerte de Ayuka Kan en el año 1724, Kalmukia fue invadida y anexionada por Rusia. Aunque al principio los calmucos se mostraron antirusos, la rusificación dio sus frutos, por lo que no dudaron en ayudar a Rusia en las Guerras Napoleónicas (1812-1815), en la Guerra de Crimea (1853-1856) y en la Guerra Ruso-Turca (1877-1878). Formaron un kanato fronterizo, territorio gobernado por un kan o gobernante mongol, que juró lealtad a Rusia a cambio de protección contra el ataque de los tártaros.
En la biblioteca Astort, de Nueva York, hay una copia de un tratado egipcio de medicina  escrito en el año 1552 a.C., cuando, según la cronología corriente, contaba Moisés veintiún años de edad. Los caracteres están trazados sobre una corteza interna del cyperus papyrus, una planta originaria de Egipto que crece en las orillas del río Nilo y su delta, y servía para elaborar los antiguos papiros manuscritos.
El profesor Joseph August Schenk (1815 – 1891), botánico y paleontólogo alemán, de Leipzig, no sólo  atestigua su autenticidad, sino que lo considera el más perfecto de cuantos se conocen. Es una sola hoja de excelente papiro amarillento obscuro, de tres decímetros de ancho y más de veinte metros de largo, arrollado en ciento diez páginas cuidadosamente numeradas. Lo adquirió en 1872 el arqueólogo alemán Georg Ebers de manos de un árabe de Luxor.

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El periódico La Tribuna, de Nueva York, dijo sobre este asunto que del examen del papiro se infiere, con  toda probabilidad, que es uno de los seis libros herméticos de Medicina citados por Clemente de Alejandría. Dice el mismo periódico: “El año 363, en tiempo de Jámblico, los sacerdotes egipcios enseñaban cuarenta y dos libros atribuidos a Hermes.  Según Jámblico, de estos libros, treinta y seis trataban de todos los conocimientos humanos y los seis restantes se ocupaban especialmente de anatomía, patología, oftalmología, quirúrgica y terapéutica .
 El Papiro de Ebers es seguramente uno de estos tratados herméticos”. El fortuito encuentro del arqueólogo alemán y del árabe de Luxor han puesto al descubierto la antigua ciencia de los egipcios.
Los descubrimientos de la ciencia moderna no invalidan las remotísimas tradiciones que atribuyen una increíble antigüedad a la raza humana.
La geología, que hasta hace poco no había descubierto las huellas del hombre más allá de la época  terciaria, tiene hoy pruebas incontrovertibles de que el hombre existía ya sobre la tierra mucho antes del último período glacial, que se remonta a 250.000 años. Es una datación que creyeron los antiguos filósofos. Por otra parte, junto con restos humanos se han encontrado diversos utensilios, en prueba de que en aquella remota época se ejercitaba ya el hombre en la caza y  sabía  edificar chozas. Pero la ciencia se ha  detenido en su investigación, sin dar otro paso para descubrir el origen de la raza humana. Evidentemente los antropólogos modernos son incapaces de reconstruir, con los fósiles hasta ahora descubiertos, el trino hombre físico, mental y espiritual. El hecho de que cuanto más hondas son las  excavaciones arqueológicas, más toscos y groseros resultan los utensilios prehistóricos, parece una prueba  científica de que el hombre sería más salvaje a medida que nos acercásemos a su origen.
Según Ellen Lloyd, en su obra “El hombre antes de Adán en Bretaña“, opina que el hombre es de mayor antigüedad de lo que la ciencia moderna está dispuesta a admitir. Por otro lado, nos dice que elefantes y tigres una vez ocuparon el suelo de Gran Bretaña. Hay una gran cantidad de evidencias que apoya claramente esta afirmación. En otro libro titulado “Voces de Tiempos Legendarios“, Lloyd habla sobre la existencia de animales prehistóricos y de humanos en América.  pero en este artículo vamos a echar un breve vistazo a algunos de los descubrimientos a menudo olvidados, pero muy importantes, en el Reino Unido.

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En 1715, un farmacéutico de Londres llamado Conyers hizo el primer hallazgo conocido, que demostró que el hombre antediluviano también podría ser rastreado en Inglaterra.
En el mesón Gray’s Inn Lane, Conyers desenterró un hacha de piedra que yacía junto a huesos de elefante. En base a su descubrimiento, Conyers lógicamente concluyó que el antiguo hombre había una vez utilizado herramientas de piedra para cazar elefantes. La comunidad científica se rió e ignoró sus reivindicaciones, anunciando que los romanos habían utilizado elefantes durante su invasión en la época del emperador Claudio.
La explicación ofrecida por la comunidad científica podría haber sido adecuada, si no le hubieran seguido descubrimientos más incómodos durante los siguientes años.
En 1790, John Frere llevó a cabo excavaciones arqueológicas en Hoxne, en Suffolk, Inglaterra, donde encontró hachas manuales de sílex junto a enormes huesos de animales desconocidos. Todavía había un diente en el hueso de la mandíbula de un enorme animal que Frere encontró a una profundidad de cuatro metros, en una capa de grava. Frere llegó a la misma conclusión que Conyers. Los fósiles y las herramientas humanas eran evidencia de que el hombre y animales extinguidos coexistieron en el pasado. Sin embargo, los científicos eran de una opinión diferente. Frere fue, tratado con desprecio por el mundo de la ciencia. Sus hallazgos no estaban de acuerdo con el plazo históricamente aceptado de la humanidad.
 Por lo tanto, sus ideas y descubrimientos no pudieron ser tratados seriamente y el caso fue cerrado.
Más tarde, en 1824, un sacerdote católico llamado J. MacEnery, desenterró herramientas humanas junto con huesos de animales extintos, en la Caverna de Kent, Devon, Inglaterra. El Padre J. MacEnery habló a William Buckland, teólogo Inglés y Decano de Westminster sobre su inusual hallazgo. William Buckland hizo él mismo un descubrimiento muy interesante en la Cueva del Agujero de Cabra, cerca de Paviland, en Gales, donde se encontró un esqueleto de un hombre joven. Buckland identificó erróneamente los restos, en la creencia de que había desenterrado los restos de una mujer. La llamó la “Dama Roja de Paviland“. Además, Buckland se encontró con antiguas herramientas de piedra próximas al esqueleto. De acuerdo con la doctrina cristiana, el hombre antes de Adán era imposible, ya que Adán fue el primer hombre creado por Dios. Buckland concluyó, pues, que su descubrimiento, junto con el del Padre J. MacEnery, se remontaba a la época de Jesucristo. Pero, ¿cómo podían unas herramientas antiguas estar mezcladas con huesos de animales prehistóricos?

William Buckland tenía una respuesta a esta pregunta. Las herramientas habían, de alguna manera, tenido que “deslizarse hacia abajo” a la capa inferior, más antigua, donde los restos de animales extintos fueron encontrados. Algunos años más tarde, otro curioso hallazgo salió a la luz en Devon. En 1858, al entrar en una cueva en Devon, William Pengelly, un maestro de escuela, descubrió en su suelo una hoja de estalagmitas de tres a ocho pulgadas de espesor, conteniendo, dentro de ella, restos de león, hiena, oso, mamut, rinoceronte y reno.  Esta fue una prueba más de que la historia es diferente a la presentada en los libros de historia ortodoxos.
Uno de los objetos más sorprendentes descubiertos en Inglaterra es sin duda un pequeño martillo, que se estima tiene la escalofriante edad de 140 millones de años. A primera vista, esta herramienta parece bastante insignificante. Sin embargo, esta reliquia antediluviana es única en muchos sentidos. De acuerdo con la ciencia moderna, este martillo no debería existir en aquella remota época. Sin embargo, estaba allí. Alguien había producido aquel martillo hacía millones de años. Un análisis realizado al martillo por organizaciones independientes revela que esta herramienta se compone de 96,6% de hierro, 2,6% de cloro y 0,74% de azufre. O sea, el martillo está hecho casi completamente de hierro. Un examen más detallado del martillo no mostró evidencias de irregularidades en la cabeza de martillo. No había rastros de ingredientes utilizados para el refinamiento, tales como cobre, titanio, manganeso, cobalto, o molibdeno, vanadio, wolframio o níquel, todos los cuales son empleados actualmente en la fabricación del acero. Basado en la composición del martillo, sería imposible reproducir este tipo de herramienta con ayuda de la tecnología moderna. Por lo tanto, está claro que quién haya fabricado este martillo tenía grandes habilidades tecnológicas. Tal vez estos metalúrgicos antediluvianos fueron introducidos en esta tecnología por “dioses” alienígenas, que hubiesen llegado a nuestro planeta en esta época.  
Muchas culturas antiguas relatan de cómo sabios “seres del cielo” les instruyeron en ciencias como la astronomía, las matemáticas, la metalurgia y la agricultura. Estos dioses extraterrestres, los antiguos astronautas, supuestamente no sólo fueron los creadores del Hombre, sino que actuaron también como nuestros maestros. Los descubrimientos que corroboran la existencia de seres humanos y criaturas antediluvianas se produjeron regularmente, no sólo en el Reino Unido, sino también en otras partes de Europa. En Alemania, en una cueva cerca de la ciudad bávara de Bayreuth, un sacerdote llamado Johann Friedrich Esper encontró una mandíbula humana acompañada por los restos de un oso gigante. Se suponía que el oso extinto vivió en los días del Noé bíblico, antes del diluvio.

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En Francia, Boucher de Perthes descubrió, en 1832, en el área de Abbeville, varias hachas de piedra, similares a las encontradas por John Frere en Suffolk, Inglaterra. Junto a las piedras, Boucher de Perthes se encontró con huesos de mamuts, rinocerontes, bisontes, leones de las cavernas y otros animales extintos, que se remonta a tiempo antes del diluvio.
En Bélgica, un doctor llamado Schmerling desenterró en cuevas siete cráneos humanos, una serie de herramientas de piedra, y huesos de animales extintos, como el mamut y el rinoceronte europeo. El Dr. Schmerling concluyó: “No puede haber ninguna duda de que los huesos humanos fueron enterrados al mismo tiempo y por la misma causa que el resto de las especies extintas“.
La coexistencia del hombre y de los animales extintos es una realidad. Hay muchos fósiles que prueban este hecho. Es obvio que alguien suficientemente inteligente estaba caminando sobre este planeta mucho antes de que apareciera el primer ser humano moderno oficialmente reconocido. Los restos hallados, por ejemplo, en la cueva de Devon, demuestran que existieron otras razas civilizadas. Cuando hayamos desaparecido los actuales pobladores de la tierra y los arqueólogos de una raza futura hallen en sus excavaciones los utensilios pertenecientes a los indios o a las tribus de las islas de Andamán, ¿podrían afirmar que nuestra humanidad comenzaba a salir de una Edad de Piedra? Los científicos actuales tienden a suponer que las razas arcaicas estaban sumidas en la barbarie.
Sin embargo, algunos orientalistas sostienen lo contrario, como, por ejemplo, el orientalista alemán Max Müller (1823 – 1900), que decía: “Hay todavía muchas cosas incomprensibles para nosotros, y el lenguaje jeroglífico de los antiguos tan sólo expresa la mitad de los pensamientos. Sin embargo, la imagen del hombre se nos aparece cada vez más pura y noble en todos los países, según nos acercamos a su origen y comprendemos sus errores é interpretamos sus ensueños. Por lejanas que estén las huellas del hombre, aun en los más apartados confines de la historia, descubrimos desde un principio el divino don de la vigorosa y razonable inteligencia,  de suerte que es imposible sostener que la raza humana haya surgido lentamente de las profundidades de la brutalidad animal”.
Pero los sabios actuales se ocupan tan sólo en estudiar los efectos físicos, y el campo de investigación científica no va más allá de la naturaleza física, en cuyos límites se detienen los investigadores para recomenzar su tarea y dar vueltas y más vueltas a la materia. No se trata de poner en tela de juicio la valía potencial de la ciencia. Pero el investigador científico no debe rehuir el estudio de ningún nuevo fenómeno, por insólito que sea.
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domingo, 25 de enero de 2015

¿Cuál era el nivel de conocimientos de las antiguas civilizaciones?-1



Según H.P Blavatsky, en un lugar de este mundo existe un manuscrito de un libro, Las Estancias del Dzyan, de remota antigüedad. Es el único ejemplar manuscrito que de dicho libro se conserva. El más antiguo tratado hebreo de ciencia oculta, el  Siphra–Dzeniuta es una compilación de  aquel  manuscrito,  hecha  también en una época muy antigua.

Las Estancias del Dzyan o el libro de Dzyan, es el libro más antiguo del Imagen 22mundo.
 Por su descripción y contenido se cree que el libro es de una época en la que el ser humano todavía no habitaba la Tierra.
Probablemente proviene de seres del espacio o fue forjado por seres mitológicos. Aparentemente la primera persona que tuvo el manuscrito del libro en sus manos fue H.P. Blavatsky, lo que la inspiró a escribir obras relacionadas con aquél libro. Entre ellas cabe destacar “La Doctrina Secreta”, su principal obra. Pero se cree que Blavatsky no tuvo en sus manos la versión original de Las Estancias del Dzyan, sino una réplica hecha para esconder la verdadera, en manos de una entidad hasta el día de hoy desconocida.  
Las Estancias Del Dzyan, como libro en sí mismo, no posee textos, sino que es un libro místico lleno de objetos simbólicos cuyo significado sólo pueden apreciar personas con poderes psíquicos extremadamente altos, designados como “elegidos” para apreciar la obra.
Hasta el día de hoy, parece que H.P. Blavatsky fue la única que pudo describir el significado de esos símbolos.
Es uno de los libros más temidos y escondidos por los ocultistas, debido a su extraño e ignoto origen. A finales del siglo XVIII y en los albores del XIX ,el astrónomo francés Jean Sylvain Bailley hace alusión a un libro llegado de la India, pero cuya procedencia era “venusina”.
 En el siglo XX, Louis Jacolliot da al enigmático libro el nombre al que hacemos referencia. Como uno más de la larga lista de libros cuyo contenido parece poseer dinamita, también éste determina que aquellos que lo poseen sufran extraños accidentes, por lo general fatales.
 Uno de los dibujos de este manuscrito representa la Esencia divina al emanar de Adán, como un arco  luminoso que tiende a cerrarse en circunferencia y, luego de llegado al punto de  la  gloria inefable, retrocede hacia la Tierra, envolviendo en su torbellino un tipo superior de humanidad.. A medida que va acercándose a nuestro planeta, la emanación es más sombría  y  al tocar  la Tierra es negra como la noche.


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En línea con el tema del misterioso libro de las Estancias de Dzyan, se afirma que hace muchos milenios se escribieron unos textos que nos han sido transmitidos por las distintas religiones en forma de libros sagrados.  Se supone que fueron dictadas personalmente por los propios dioses o por algún ser celestial. Nos estamos refiriendo a textos que tienen miles de años de antigüedad y que, en muchos casos,  eran difíciles de entender.
 Por ejemplo, en los “Relatos judíos de la Antigüedad” se relata lo siguiente: “El Señor creó mil mundos al principio; después creó todavía más mundos; y todos no son nada comparados con él. El señor creaba mundos y los destruía, plantaba árboles y los arrancaba de raíz, pues crecían desordenadamente y se estorbaban los unos a los otros. Y siguió creando mundos y destruyéndolos, hasta que creó nuestro mundo. Entonces dijo: «Éste me agrada; los demás no me agradan»”.
 Las antiguas tradiciones afirman que la escritura se inventó antes que la creación del mundo. Y existía un libro que, según se cuenta, tenía la forma de una piedra de zafiro  (es curioso lo mucho que nos suena a un sofisticado tipo de soporte de libros digitales).
Según los escritos, Raziel, un ángel (o arcángel) que se sentaba junto al río que brotaba del Edén, es el autor de este libro llamado “Sefer Raziel HaMalach” (el libro del arcángel Raziel), donde «está anotado todo el conocimiento celestial y terrestre».  El ángel Raziel entregó este misterioso libro a Adán. Debía de ser algo especial, pues no sólo contenía todo el conocimiento, sino que también predecía el futuro. El ángel Raziel dijo a Adán que encontraría en el libro todo «lo que te sucederá hasta el día que mueras». Y no sólo Adán se beneficiaría de este enigmático libro, sino también sus descendientes, tal como Raziel le explicó: “También tus hijos, que vendrán después de ti, hasta el último de la raza, sabrán por este libro lo que habrá de pasar cada mes y lo que habrá de pasar entre el día y la noche; a cada uno le será conocido (…) si habrá de padecer desventuras o hambre, si el trigo será abundante o escaso, si habrá lluvia o sequía”.
En el misticismo judío de la Cábala el arcángel Raziel es el «guardador de secretos», «el secreto de Dios» y el «arcángel de los misterios».
En hebreo el nombre Rzial significa ‘secretos del dios cananeo El’. Según varios Rabinos es un querubín y el jefe de los Ofaním. Los Ofaním son considerados ángeles extraños y misteriosos ya que, según se relata en Ezequiel, “su aspecto es el de ruedas luminosas que giran continuamente, están cubiertas de grandes ojos y su única misión es mover el carro que transporta a Dios hasta los límites del mundo material (¿¿¿)”. A Raziel se le describe como un arcángel de alas azules, aura dorada brillante alrededor de su cabeza y ropas azules que poseen propiedades sorprendentes. Se dice que Raziel estaba cerca del trono de Dios (Yahveh o Jehová) y por lo tanto oía todo lo que allí se decía y discutía.

Después que el ángel Raziel entregó el libro a Adán, sucedió algo maravilloso: “Y en la hora en que Adán recibió el libro surgió un fuego en la orilla del río, y el ángel ascendió al cielo entre las llamas. Entonces supo Adán que el mensajero era un ángel de Dios, y que el libro se lo había enviado el santo Rey. Y lo conservó con santidad y con pureza”.
En el libro estaban grabados los símbolos de la sabiduría sagrada, y en él se contenían setenta y dos categorías de conocimientos, divididas en 670 símbolos de los misterios superiores. También contenía 1.500 claves secretas. Adán leyó el libro que le otorgaba el poder de dar nombre a todos los objetos y a todos los animales. Pero cuando cometió su famoso “pecado original”, el libro sorprendentemente «salió volando de entre sus manos».
 Adán lloró amargamente y se sumergió en las aguas de un río. Cuando su cuerpo se quedó hinchado, el Señor tuvo misericordia de él y ordenó al ángel Rafael que le devolviese la misteriosa piedra de zafiro.
Adán entregó el mágico libro a su hijo Set y le explicó «en qué consistía su poder y su maravilla. También le habló de cómo había usado él el libro, y le dijo que lo había escondido en una fisura de las rocas». Set también recibió instrucciones de cómo usarlo y de cómo «conversar con el libro». Sólo podía acercarse al libro con veneración y humildad. Debía lavarse a fondo antes de utilizarlo y no debía comer cebolla, ajo u otras especias (¿¿¿). Set siguió las instrucciones de su padre y aprendió durante toda su vida de la piedra sagrada de zafiro. Finalmente construyó «… un cofre de oro; guardó en él el libro y escondió el cofre en una cueva en la ciudad de Enoc». El libro permaneció en aquel escondite  hasta que «al patriarca Enoc se le reveló en un sueño el lugar donde estaba escondido el libro de Adán».
 Enoc, el patriarca antediluviano que era el hombre más sabio de su época, fue a la cueva y por algún medio misterioso se le reveló cómo debía utilizar el libro. Y «en el momento mismo en que le quedó claro el significado del libro, se le encendió una luz». Enoc comprendió entonces todo lo referente a las estaciones, los planetas,  las estrellas y los ángeles que dirigen sus cursos. Y ¿qué sucedió con el libro? En este caso fue otro arcángel, Rafael, el que lo hizo llegar a las manos de Noé y le explicó el modo de utilizarlo.
El libro seguía estando «escrito sobre una piedra de zafiro», y Noé, después del diluvio, lo leyó y aprendió los cursos de todos los planetas, así como «los cursos de Aldebarán, Orión, Sirio». También aprendió de él «… los nombres de todas las diferentes esferas del cielo (…) y los nombres de todos los servidores celestiales».
 Es realmente sorprendente que a Noé le pudiesen interesar los cursos de la estrella Aldebarán, la constelación de Orión y la estrella doble (o triple) de Sirio, o conocer los nombres de los misteriosos «servidores celestiales».
Luego se dice que Noé depositó el libro en un cofre de oro y fue lo primero que metió en el arca. Y cuando Noé salió del arca, conservó el libro hasta el final de su vida.

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Helena Blavatsky, también conocida como Madame Blavatsky, cuyo nombre de soltera era Helena von Hahn y luego de casada Helena Petrovna Blavatsky  (1831 – 1891), fue una escritora, ocultista y teósofa rusa.
Fue una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica y contribuyó a la difusión de la Teosofía moderna. Sus libros más importantes son Isis sin velo y La Doctrina Secreta, escritos en 1875 y 1888, respectivamente. Su padre, el Coronel Peter Hahn, procedía de una familia noble originaria de Mecklenburg, Alemania, pero se habían establecido en Rusia. La familia de su madre, también de noble rango, tenía sus orígenes en un antepasado del siglo IX.
Las facultades de clarividencia de H.P. Blavatsky eran tan grandes que, ya de niña, era consultada por la nobleza sobre sus asuntos privados y por la policía respecto a algunos delitos. Era una pianista de talento y de joven tocó en Londres con Clara Shumann y Arabelle Goddard. En 1848, a los 17 años, se casó con el Coronel Blavatsky, un hombre ya mayor del que se separó pronto. Durante 1848 y 1849, estudió magia en Egipto con un copto anciano e ingresó en “Los Drusos del Líbano“, una sociedad secreta. Estuvo presente con Garibaldi en la batalla de Mentana en 1849 y “la recogieron de una fosa para los muertos con el brazo izquierdo roto en dos lugares, balas de mosquetón hundidas en el hombro izquierdo y una herida de puñal en el corazón“. Cuando paseaba con su padre por Londres en 1851, vio un Rajput alto y noble al que reconoció como un Protector, al que había conocido en sus visiones desde su infancia. Los Rajput se consideran a sí mismos descendientes de una de las castas chatría, grupos guerreros gobernantes, del subcontinente indio, especialmente del norte de la India. El Rajput le habló de un trabajo futuro que ella haría bajo su dirección después de prepararse en Oriente. En 1852 intentó entrar en el Tibet, pero no lo consiguió hasta 1867. Mientras tanto entró en contacto con el espiritismo, aprendió a “controlar su poder para producir fenómenos a voluntad” y se dedicó a “diversas empresas comerciales“.
En el Tibet aprendió, según se dice, a manipular las fuerzas ocultas.
 En El Cairo, en 1871, hizo un intento frustrado para fundar una sociedad espiritual. En 1873 vivió con su hermano en París, pintando y escribiendo. Mientras estaba en París recibió órdenes perentorias de los Mahatmas  para ir a Nueva York y esperar instrucciones. Llegó allí el 7 de julio de 1873. En 1874 le ordenaron ir a la finca de Eddy en Chittenden. Ese era el sitio donde varios fenómenos ocultos estaba siendo investigados por el Coronel H.S. Olcott.

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En 1875, en Nueva York, fundó con Olcott la Sociedad Teosófica. 
 La obra Isis sin Velo, un ataque contra el materialismo de la religión y de la ciencia, fue publicado en 1877. El 8 de julio de 1878 se hizo ciudadana americana. Más tarde ese mismo año, actuando “bajo órdenes” ella y Olcott embarcaron hacia la India y desembarcaron en Bombay en febrero de 1879. En 1880 los dos fundadores viajaron por Sri Lanka en defensa del budismo y se hicieron budistas el 19 de mayo de 1881. En 1882, la sede de la Sociedad se trasladó a su lugar actual en Adyar, Madrás, ciudad de Chennai. Blavatsky hizo varios viajes por la India entre su llegada en 1879 y su visita a Europa en 1884. En ausencia de los fundadores, apareció el informe de la Sociedad para la Investigación Psíquica, intentando hacerla quedar como una impostora. A pesar de la intervención de su Gurú para restablecer su salud, ésta se fue deteriorando y Blavatsky no pudo quedarse en Adyar más tiempo que el de una corta visita que realizó ese año.
En Wurzburg trabajó en su obra maestra, La Doctrina Secreta, cuyos verdaderos autores, según la Condesa Wachtmeister, fueron los Hermanos Adeptos. En 1887 en Ostende, Blavatsky se puso muy enferma, pero tuvo otra extraña recuperación. Luego se trasladó a Londres, que fue, desde entonces, el centro del trabajo Teosófico en Europa. En esto contó con la ayuda de varias visitas ocasionales del Coronel Olcott.
 En 1888, se publicaron los dos primeros volúmenes de La Doctrina Secreta. Blavatsky murió el 8 de mayo de 1891 en Londres. Sus cenizas fueron repartidas entre Nueva York, la India y Londres y parte ellas están enterradas bajo su estatua de Adyar. En su testamento pidió que cada año, en el aniversario de su muerte, sus amigos se reunieran y leyeran fragmentos de La Luz de Asia y del Bhagavad Gita. Por deseo del Coronel Olcott, este aniversario ha recibido el nombre del “Dia del Loto Blanco”. El Coronel Olcott resumió el secreto del extraordinario poder que tenía Blavatsky para producir rápidos cambios en la vida de las personas que estaban cerca de ella. Según él, se basaba en su increíble conocimiento oculto y sus poderes, además de su relación con los Maestros ocultos.

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Los Retiros Intraterrenos y los 13 Discos Solares

La perla de hoy



¡¡Que mentalidad pobre hay que tener para decir que los animales son maquinas carentes de sentimiento y de entendimiento!!
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viernes, 23 de enero de 2015

Profecías de los chamanes Incas Q’ero


 
La luz del idealismo brillaba en los ojos del Dr. Alberto Villoldo al describir cómo un terremoto en 1949 debajo de un monasterio cerca de Cuzco, Perú, había partido la tierra en dos, sacando a la luz un antiguo templo inca de oro. Esto era la señal de que las profecías de Mosoq, el “tiempo que ha de venir”, tenían que ser compartidas con el mundo moderno. El Dr. Villoldo, psicólogo y antropólogo médico, ha vivido y aprendido entre los chamanes Q’ero, y ha desempeñado un papel fundamental a la hora de acercar sus rituales y profecías a la conciencia del mundo moderno.
picaflor
Los Q’ero son los últimos incas – una tribu de 600 personas que buscaron refugio en alturas superiores a los 4.200 metros con el fin de escapar de los conquistadores. Durante 500 años los jefes de la tribu Q’ero han conservado una profecía sagrada sobre un gran cambio, o pachacuti, en el que el mundo daría la vuelta, y en el que la armonía y el orden se restablecerían, poniendo fin al caos y el desorden.
 
Los Q’ero habían vivido en sus aldeas a lo alto de los Andes, prácticamente aislados del mundo, hasta su “descubrimiento” en 1949. Ese mismo año un antropólogo, Oscar Nuñez del Prado, se encontraba en un festival en Paucartambo, un valle en las laderas este de los Andes, al sur de Perú, cuando conoció a dos indios que hablaban un fluido quechua, la lengua de los incas. La primera expedición occidental a las aldeas Q’ero tuvo lugar en 1955.

Cuatro años después, en la fiesta anual del Regreso de las Pléyades, que tiene lugar en los Andes, la congregación de 70.000 peregrinos procedentes de Sudamérica (muchos de ellos chamanes) se quedaron asombrados y la multitud se apartó para dejar que los Q’ero, sin avisar y vestidos con el emblema inca del sol, se dirigieran hacia la cumbre de la montaña para dar a conocer que el tiempo de las profecías estaba cerca. Fueron bienvenidos por los asistentes que les dijeron: “Os hemos estado esperando durante 500 años”.

Recientemente, los ancianos Q’ero viajaron a Norteamérica como cumplimiento de sus profecías. En noviembre de 1996 un pequeño grupo de Q’eros, incluyendo al líder de la tribu y el jefe chamán, visitó varias ciudades de Estados Unidos, entre ellas Nueva York, donde celebraron una ceremonia privada en la Catedral de St. Juan el Divino.

El ritual chamánico no se había celebrado desde hacía 500 años. Pero en el mismo hogar de aquellos que simbolizaban los antiguos conquistadores de sus antepasados incas compartieron sus rituales y conocimiento, no sólo con los occidentales interesados en aprender sus costumbres, sino también con el deán de la gran catedral, uniendo así simbólica y espiritualmente a los dos continentes de América del Norte y del Sur.

Según una antigua profecía, este es el momento del gran encuentro llamado mastay, y la reintegración de los pueblos de los cuatro puntos cardinales. Los Q’ero están ofreciendo sus enseñanzas a Occidente, como preparación para el día en que el Aguila del Norte y el Cóndor del Sur (las Américas) vuelen juntos otra vez.Ellos creen que munay, amor y compasión, será la fuerza guiadora de esta gran unión de los pueblos.

“Los nuevos guardianes de la tierra vendrán de occidente, y aquellos que han causado un mayor impacto en la Madre Tierra tienen ahora la responsabilidad moral de rehacer su relación con Ella, después de rehacerse a sí mismos”, dijo Don Antonio Morales, un maestro chamán Q’ero. La profecía sostiene que Norteamérica proporcionará la fortaleza física, o cuerpo; Europa proporcionará el aspecto mental, o cabeza; y el corazón lo proporcionará Sudamérica.Señales cumplidas
Cuando los españoles conquistaron a los incas hace 500 años, el último pachacuti, o gran cambio, tuvo lugar. Los Q’ero han esperado desde entonces a que ocurriera el siguiente pachacuti, cuando las cosas que quedaron al revés volvieran a su sitio y emergiera el orden del caos. Durante los últimos cinco siglos conservaron su conocimiento sagrado, y al final, en estos últimos años, se cumplieron las señales de que el gran momento del cambio estaba cerca: las lagunas de las altas montañas se han secado, el cóndor casi está extinguido y se ha descubierto el Templo Dorado, siguiendo al terremoto de 1949 que representó la ira del sol.


Las profecías son optimistas. Estas se refieren al final de los tiempos tal como nosotros lo entendemos – la muerte de una forma de pensar y de ser, el fin de una forma de relacionarse con la naturaleza y la tierra. En los próximos años, los incas esperan que emerjamos en una era dorada, un milenio dorado de paz. Las profecías también aluden a unos cambios tumultuosos en la tierra, y en nuestra psique, volviendo a definir nuestras relaciones y espiritualidad.
El próximo pachacuti, o gran cambio, ya ha empezado, y promete el emerger de un nuevo ser humano después de este período de confusión. El caos y turbación característicos de este período durarán cuatro años más, según los Q’ero. El paradigma de la civilización europea continuará desplomándose y los procederes de los pueblos de la Tierra volverán. Más importante aún, los jefes chamanes hablan de un desgarro en el mismísimo tejido del tiempo. Esto nos ofrece una oportunidad para describirnos no como lo que hemos sido en el pasado, tanto personal como colectivamente, sino como lo que estamos deviniendo.

Pachacuti también se refiere a un gran jefe inca que vivió a finales del siglo XIV. Se dice que él construyó Machu Picchu, y que fue el arquitecto de un imperio de igual tamaño que los Estados Unidos. Para los incas, Pachacuti es un prototipo espiritual – un Maestro, un luminoso fuera del tiempo. El era un Mesías, pero no en el sentido cristiano de ser el único hijo de Dios, fuera del alcance de la humanidad. Más bien se considera como un símbolo y promesa de lo que podemos llegar a convertirnos. El personifica la esencia de las profecías del pachacuti, ya que Pacha significa ‘tierra’, o ‘ tiempo’, y cuti significa “poner las cosas en su sitio”. Su nombre también significa “transformador de la tierra”.

Las profecías del pachacuti son conocidas en los Andes. Hay aquellos que creen que las profecías se refieren al regreso del jefe Pachacuti para derrotar a los que usurparon la tierra de los incas. El regreso de Pachacuti está teniendo lugar a nivel colectivo. “No es el regreso de un solo individuo que personifica en lo que nosotros nos estamos convirtiendo, sino un proceso de emerger que incumbe a todos los pueblos.” 
Los Ritos de la Estrella

Los Q’ero han servido como guardianes de los ritos y profecías de sus antepasados incas. Las profecías no sirven de nada a menos que uno disponga de las claves, los ritos del tránsito. Los Ritos de la Estrella, o Mosoq Karpay (Los Ritos del Tiempo que ha de Venir), son cruciales para el crecimiento práctico descrito en las profecías.

La transmisión del Mosoq Karpay es la ceremonia que representa el fin de la relación que se tiene con el tiempo. Es un proceso del corazón. Este proceso de Devenir se considera más importante que las profecías mismas. Los Karpay (ritos) plantan la semilla del conocimiento, la semilla del Pachacuti, en el cuerpo luminoso del recipiente que la contiene. Depende de cada persona regarla y cuidar de la semilla para que esta crezca y florezca.Los ritos son una transmisión del potencial; uno debe luego abrirse al destino. Los Karpays conectan a la persona con un antiguo linaje de conocimiento y poder al que no puede acceder el individuo – sólo puede ser convocado por una tribu.

En último lugar, este poder puede proporcionar el impulso para que uno haga un salto al cuerpo de un Inca, un Luminoso. (En este sentido, el Inca al cual se hace referencia es el hombre auto-realizado). Esa persona está directamente relacionada con las estrellas, el Sol Inca de la cosmología.  Estas sendas, senderos del chamán, la persona que camina con belleza y gracia en el mundo, están actualmente a  disposición de todos nosotros. Necesitamos desmitificarlos y aprender a honrar y respetar nuestra Madre, la tierra, y a nuestro Padre, el sol, y los cielos – y aprender de todo y todos a nuestro alrededor, aprovechando estos ejemplos de poder para que podamos hacer un salto cuántico hacia aquello en lo que nos estamos convirtiendo, todos nosotros juntos.”


“Los Q’ero creen que las puertas entre los mundos se están abriendo otra vez – agujeros en el tiempo que podemos atravesar e ir más lejos, donde podemos explorar nuestras capacidades humanas. Recobrar nuestra naturaleza luminosa es hoy una posibilidad para todos aquellos que se atrevan a dar el salto.”
Los chamanes andinos no tienen un Buddha o un Cristo a quien seguir. Más bien dicen: “Sigue tus propias huellas. Aprende de los ríos, árboles y rocas. Honra al Cristo, el Buddha, a tus hermanos y hermanas. Honra a la Madre Tierra y al Gran Espíritu. Hónrate a ti mismo y a toda la creación.”

creditos:
(Fuente: http://www.ddnet.es/share_ediciones/qero.htm , traducción : http://www.terramistica.com


Las profecías de los Q’ero
Los Q’ero son los últimos chamanes Incas, nos dicen que estamos aproximándonos a Pachacuti. “Pacha”en aymara significa “Tierra”. Cuti puede significar “retorno” o “nueva oportunidad”. Según una definición que nos ofrece Victor Hugo Sepúlveda, el Pachacuti «representa un cambio profundo en el ser humano. Una especie de renacer de las personas que se produce a partir de un fenómeno climático o un gran movimiento social que deriva en una transformación total de las conciencias, y por ende afecta a toda la sociedad establecida». Según los Q’ero, Pachacuti llegará en el año 2012.
En un capítulo del libro “La transformación hasta el 2012″ de Elizabeth Jenkins, menciona la profecía que dice:
“Cuando el derretimiento de la nieve se inicie en la Montaña Sagrada Ausangate, ellos deben salir de su ciudad, debido a que la Tierra necesita de su sabiduría”. Ahora, que la nieve ha comenzado a derretirse. Y los ancianos Q’ero han llegado para compartir su sabiduría con sus hermanos y hermanas, con su familia terrenal. Salieron para compartir y ayudarnos a entender y recordar los principios fundamentales sobre los cuales, los Inka y otros de los antiguos pueblos del mundo, basaron su civilización. La conexión con la Unidad, la Paz original, en el campo de una vida vibrante, como es la energía de la vida- expresada a través del simple principio de AYNI – la reciprocidad.
Juan dice que en enero de 1990, Don Manuel Q’espi, uno de los Maestros Andinos más poderosos de la Nación Q’ero, llegó a su casa temprano en la mañana vestido con su atuendo ceremonial de mayor esplendor. Había caminado todo el camino desde su pueblo Q’ero para decirle a Juan que él había visto las señales en las montañas – el tiempo de la profecía estaba a la vista. Después del período de la “reordenación cósmica”, de 1990 a 1993, las primeras fases de la profecía comienzas y podrían llegar a su culminación en el año 2012. Declaró el comienzo de la Pacha Taripay “la era de la reunión”- o “el tiempo del reencuentro con nosotros mismos otra vez”. Ha llegado el momento, para recordar y para elegir vivir la vida en la reciprocidad. Tenemos que dejar el miedo a “el otro” detrás de nosotros y compartir nuestra sabiduría, los dones y los logros culturales, y establecer una reciprocidad con la naturaleza – a un mundo, que se ha convertido en invisible para una gran parte de la humanidad. (1) http://www.shamanswell.org/shaman/qero-prophecy-when-snow-starts-me...;
“Los Q’eros (Queros), conocidos como los últimos incas, también han contribuido con su visión a las profecías de los incas para los tiempos que estamos viviendo cercanos al fin de año 2012. Estos incas se habrían recluido en alturas superiores a 4200 metros de altura para escapar de la última conquista española. Estuvieron allí, guardando celosamente la sabiduría de sus antepasados, esperando el momento oportuno para sacarlas a la luz, y fue en 1949 que fueron “descubiertos”.
En estos últimos tiempos se ha hablado mucho sobre los incas Qéros (Queros), después del Pachacuteq (Pachacuti) de dolor bajaron desde los Andes, área del Qusco (Cusco), hasta los valles, compartiendo sus sabidurías guardadas en las montañas más inhóspitas.
Los Q’eros han conservado las profecías sagradas, hablan sobre el llamado del Mastay y la reintegración de las cuatro naciones: Antisuyu, Qontisuyu, Chincasuyu, Qollasuyu, los cuatro puntos cardinales.
Los Q’ero son hoy una realidad como cualquier otro pueblo que sobrevivió a la colonización. También ellos compartieron su visión y conocida antigua profecía inca: La Unión de las aves sagradas: El águila y el Cóndor.
Como los Imbadura del Ecuador, como los Wayúu, los Witoto de Colombia, como los Quechuas del Perú y Bolivia, ese tiempo ya llegó, es el cumplimiento de las profecías, es la unión y el despertar de las fuerzas energéticas del Mach’aq Mayuy el Sirpe(serpiente y víbora voladora), es tiempo del despertar del Puma y Uturunku, son tiempo del Wanaku (Guanaco) y la Wik’uña(Vicuña).
Los Q’eros (Queros) ofrecen a la cultura occidental una puerta a todos los que puedan entender el respeto a todo lo sagrado, porque ellos, como otros pueblos con sabiduría, fueron y son los guardianes de todo el conocimiento: La medicina, las ceremonias, todas con contenidos proféticos, de anuncio para que se cumplan las señales del gran cambio que está cerca. El Munay, el amor, la comprensión y la humildad serán el motor guia de esta gran unión de pueblos y naciones.
“Sigue tus propias huellas. Aprende de los ríos, árboles y rocas. Honra al Cristo, el Buddha, a tus hermanos y hermanas. Honra a la Madre Tierra y al Gran Espíritu. Hónrate a ti mismo y a toda la creación.” “Mira con los ojos de tu alma y comprométete a lo esencial”

DÓNDE

http://www.deshambala.com/



¿Dónde me dejaron?. ¿Dónde mis hermanos de la Luz, los que viajan en las luces, me dejaron?: Me dejaron en la tierra del tiempo, del inicio que es final y luego inicio y otra vez final…, y así por los siglos de los siglos.

¿Por qué me arroparon de tiempo y de materia sometida a él?. ¿Por qué olvidé hasta el olvido, y el camino de vuelta, y la misión que ahora sueño…?, porque recordarla sería no ser lo que soy, sino lo que siempre he sido.

Hundo los pies en el barro de este mundo a la vez que levanto los brazos, intentando acariciar las estrellas. Alzo los brazos como un árbol que siendo hombre sostiene el cielo, y con la tierra lo une en el corazón.

Tierra Madre, Madre Tierra que me acoges y me acunas, que me tienes y me sientes, que alzas las alas como amaneceres de tu propia vida. Y que esperas también tu retorno. Y tu ascenso a tu propio cielo, al que he de acompañarte liberándote de la carga pesada de un ser dormido que camina sobre tu rostro hiriéndote de muerte.
Madre Tierra, Tierra Madre, ahijada de un sol hermanado con Sirio. ¿Qué sabes tu de mi, de mi tiempo, y de mi origen?. ¿Qué sabes tu de mi casa del cielo, la que vio mi partida y espera mi regreso?.

¿Dónde me dejaron los que nunca se fueron y contemplan mis pasos, susurrándome recuerdos, alumbrándome caminos, despertándome del gran sueño del hombre…?, el que hombre lo hace: Me dejaron en las manos de la Madre del Mundo. Y esta me alumbró, alumbrándose a sí misma en mi propio sueño y en mi despertar.

Ando el camino de los hombres descubriendo que me vistieron de piedra. Piedra en la que late la vida henchida de sangre y huesos, y de carne que dibuja arrugas porque el tiempo la hiere y se la lleva, como el viento arrastra hojas que el otoño sembrara. Hago el camino de los hombres sabiendo que no lo soy, que la piedra no es mi alma ni el alma de mis raíces, ni el color de mi piel es de sangre amamantada por ríos de vida humana que busca su destino entre hombres que creen haber bajado de un árbol. No soy lo que veis, pues bajé de las estrellas. Mi cuerpo es de luz, centellea, palpita en colores, disipa la noche en su vuelo y deja un rastro arcoíris en el cielo. Mi casa no tiene paredes, ni siquiera las montañas la contienen. Mi casa dibuja esferas en el firmamento. Siembra vida en los confines del cielo, de cada cielo sobre cada mundo. Y la cuida, pues sembradores de vida somos y preservadores de lo creado. 

En el camino de los ángeles no existen piedras, sino gotas de rocío que contienen estrellas. Y por cada una de ellas la luz brota de una fuente inagotable.







La perla de hoy

CARLOS CASTANEDA

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