Y
he aquí, los grandes dioses llegaron a una esfera llamada el Atrio de
las Constantes como un gran viento, y todos juntos siguieron ese viento.
Aquí ellos esperaron para seguir evolucionando hacia los planos
inferiores e intercambiar en la creatividad del medio ambiente lo que
ellos habían creado con sus cuerpos. Así, llegaron como los majestuosos
vientos. Soplaron su fervor sobre las profundidades y crearon el agua
cristalina. Ellos soplaron su aliento dando vida a sus plantas y
animales, y a todas sus formas creadas que necesitaban nutrirse. El gran
árbol alzó su vista. Y cuando vio hacia arriba se inclinó en señal de
reverencia ante la belleza de su ser creado.
El viento se
dividió, convirtiéndose en el del norte y el sur, el este y el oeste,
con el propósito de multiplicarse y transportar su silbido de energía a
través de este plano, donde todos, en la colonización de sus personas y
sus casas señoriales, pudieran conversar y contribuir al desarrollo del
Espíritu Humano. Y todos llegaron a este plano simultáneamente, todos
excepto un grupo. Este grupo permaneció en lo que se llama el Atrio de
las Constantes, y ellos seguirían los avances de sus predecesores. Y
cuando todos llegaron a este plano, en sus áreas respectivas, he aquí,
mientras ellos comenzaban a manifestarse bajando la frecuencia de su
precioso yo, se volvieron más resplandecientes que vuestro sol del
mediodía, como luces brillantes sobre la faz de la Tierra. Y en vuestros
antiguos sumarios de historia hay religiones —como se les llama— que
adoran a esas gentes brillantes que una vez llegaron aquí. Eran ellos, y
escribieron su propia historia.
Y cuando comenzaron a disminuir
la vibración del magnífico pensamiento-luz, se ensombrecieron hasta
llegar a la masa, y entonces el último entendimiento se convirtió en
masa, la cual era pesada en este plano. Dependiendo de la pesadez que
ocurría en sus formas corpóreas —dependiendo de la zona, continente, o
país como vosotros los llamáis— ellos, al empezar a formar sus cuerpos,
se armonizaron inmediatamente con lo que se llama el medio ambiente, si
entendemos por medio ambiente el plano temporal dentro del radio de
acción de vuestro sol central. La intensidad era producida por la
cercanía de cada plano, de este modo el más cercano al sol recibiría la
mayor cantidad de calor.
Aquellos que estaban más cerca se
volvieron más oscuros, mucho más oscuros, y nunca fueron claros, pero
sólo en la condición de su masa, lo que se llama la carne. Ellos
rápidamente identificaron el medio ambiente de su lugar como su propia
creación. La diferencia del color de la piel hoy en día, en vuestros
tiempos, no distingue, separa, reduce o pretende que nadie sea superior a
alguien más. ¿Quién es aquel que dice lo contrario? Esto sucedió para
proteger las especies de sus propios seres creadores y poder vivir —como
último intento— en el lugar que habían creado con las ruinas de su
destrucción. De este modo, ellos se establecieron y se armonizaron con
el medio ambiente.
Aquellos que vivían más al norte en vuestra
esfera se volvieron más claros en su tono de piel, en el color de sus
ojos y en el de sus cabellos, en proporción a la luminosidad de todas
las variables de los minerales que se encontraban a su alrededor, pues
estos tienen color.
Y Dios, su Padre —la continuidad sabia que se
expande hacia la eternidad, que formuló el pensamiento de la vida y que
permitió a la totalidad de su creatividad expandirse en esta
continuación— sintió el júbilo de ver que todos éstos eran la
consumación de su Espíritu y su Ser. Y he aquí, esto está escrito, pues
sucedió en verdad. Todos los dioses descendieron sobre la Tierra como un
gran vendaval,(1) las aguas se estremecieron y las plantas se
inclinaron ante su presencia y movimiento. Los animales que aún quedaban
miraron hacia arriba y sintieron la gran brisa. Y los dioses llegaron a
todos los lugares de las regiones que habían escogido, para sentar los
cimientos de su consumación del pensamiento perfecto dividido en dos,
que de esta manera cobraba vida.
Y aquello que vosotros llamáis
razas fueron cinco en número,(2) y con ellas se estableció un
entendimiento sobre vuestro plano llamado, en verdad, el primer acuerdo
de una gran hermandad, que permaneció en las constantes para ser lo que
se llaman los hijos o el producto de la copulación de los amados dioses,
sus hermanos. Cuando surgieron todas las razas estas se llamaron, en
verdad, las grandes entidades blancas, las magníficas columnas blancas,
los dioses, de hecho, como vosotros los llamaríais. En el momento que
aparecieron en su forma perfeccionada e idealizada, e inmediatamente se
convirtieron —y así fue en verdad— en los maestros de este plano, se
sintonizaron con lo que llamamos su medio ambiente, las condiciones que
los rodeaban. El magnífico viento llegó, y así fue en verdad, al lugar
llamado Atlantia, y aquella gente se convirtió en la raza roja, pues la
tierra de Atlantia era roja.
Y en el lugar que se llamó en verdad
Lemuria, la tierra madre, surgió la raza amarilla, pues ese era el
color de su piel debido a la cantidad de fósforo que contenía aquella
tierra en aquellos tiempos, siendo éste también el elemento que
sustentaba los llamados gigantes, las bestias, como tú las conoces.(3)
Lo
que llamáis en verdad el Ecuador, el manantial de la Tierra, se llamó
Attu, y era por consiguiente el canal que conectaba las dos regiones.
Como sus gentes se encontraban en el lugar donde la madre sol se
precipitaba con más intensidad, su piel se volvió muy oscura, pues
estaban expuestos al bombardeo de lo que llamamos propulsores de luz en
el estrato —los cuales rebotaban en la tierra y en su reflejo formulaban
el calor— y así se aclimataron a lo que se llama, en verdad, calor. Y
su cuerpo se armonizó y se acopló a las condiciones del calor. Su tez se
volvió oscura y su pelo áspero y grueso, para proteger el delicado
cuero cabelludo del hombre. Y los ojos se tornaron oscuros para apreciar
la brillantez de la luz y la inteligencia que hay en ella.
Y
surgieron los habitantes del Norte, como se les conocía incluso en los
tiempos de Lemuria y Atlantia —la magnífica raza de hombres de pelo
claro como la luz del sol, ojos azules, piel blanca, tan blanca como
vuestra definición de blanco—, para habitar una región que se acababa de
crear con el poder y la inteligencia del sol. Esto fue maravilloso en
verdad, y sucedió en un momento; un momento que en vuestro entendimiento
es una eternidad. Estos procesos de perfeccionamiento tomaron sin
embargo mucho tiempo hasta producir y hacer justicia a Dios en su
condición de creatividad colectiva. Y todos nacieron, las cinco grandes
razas cobraron vida, y ninguna fue menos que otra, ninguna. Y quien diga
que algunas lo son es un ignorante en su apreciación.
El hombre,
en sus inicios, era espléndido, y el hombre nunca olvidó quién era: el
Dios original. Y él adoró al Dios original, pues se estaba adorando a sí
mismo, aunque perdido en el azul del horizonte. El hombre, en su
naturaleza, siempre ha mantenido lo que llamamos competencia, lo que se
llama en verdad la fricción por medio de la competencia: el momento de
ira y el impulso de la destrucción; ésa es su naturaleza.
(1) Esta imagen nos evoca claramente el primer capítulo del libro del Génesis.
(2)
Las cinco razas se distinguen por la variación de su color de piel
—blanca, roja, amarilla, negra y verde— producida por el contenido
mineral y el medio ambiente de las diferentes regiones de la Tierra. La
raza cuyo color de piel es el verde vive en el interior de la Tierra.
Ver el capítulo 2 de Reflexiones de un Maestro sobre la Historia de la
Humanidad. Volumen III, titulado: Vida en el centro de la Tierra.
(3) Los dinosaurios.
Extracto de: Los orígenes de la civilización humana - Ramtha
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